
No parece desde lejos, pero hace calor. Una se desplaza de region en region, a la espera de mejorias, pero el elemento sorpresa nunca falta; siempre algo se repite. Este verano fue el calor lo que se repitio.
Y no es que el calor sea un factor determinante del lugar de donde vengo, como podrian haberlo sido tantas cosas. Es mas bien mi disposicion la que me remite seguido a mi lugar-génesis.
Basta con correr un arbusto, escupir un poco, para que la nostalgia vuelva. Aunque al caminar, no pueda evitar constatar el ya blanco pelo que le fue creciendo a mis patas.
Aqui los osos nos miran con alguna extrañeza. Y eso que somos unas cuantas llamas polares por esta zona. Pareciera que cuanto mas escupimos y mostramos nuestra dentadura al masticar, menos nos mimetizamos.
Hoy por ejemplo, lo vi a mi padre sacando turno para conseguir un permiso de conducir internacional. Una empleada lo recibe mientras yo lo espero en la recepcion, ya que, como les conte, mi lastime una de mis patas jugando al volley. Mi padre no es todavia un experto adepto en el idioma de los osos y los alces que abundan por aqui. Casi diria que todavia me entusiasmo solo contemplando como se hace entender. Y es que siendo llama joven, muchos dicen, uno se mezcla con otra facilidad. Esa misma facilidad nos hace perder perspectiva de a ratos.
Soy llama joven, pero no lo soy tanto, y me he vuelto polar de a ratos, paulatinamente. Queriendolo y rechazandolo en situaciones de congoja y de jubilo. Tanto que me cuesta sacar conclusiones. Y eso que a mi vista muchos casos se dan en que el cambio se presenta abrupto, naturalizado, harmonioso, o hasta en algunos casos, no se presenta en absoluto.
A algunos de nuestros chicos parece tornarceles blanco el pelo de solo cruzar la frontera, y tenemos que andarlos buscando entre los osos, por miedo a perderlos.
Luego están quienes, como mi padre, acarrean la pampa misma y no pueden evitar desparramarla sobre el escritorio de ciertos empleados públicos.
Y por ultimo, y con esto dejo abierta la puerta a otras categorías; nosotros, los jóvenes adultos. Pero ya hablaremos mas tarde.
Lo cierto es que les menciono la anécdota del registro internacional por una razón; A la familia se le dio por ir de visita a Estados Unidos, ahora que podemos. Si bien antes se hubiera podido, los estadounidenses se empeñaban tanto en impedirlo que nos sacaban las ganas. Al parecer a ellos no les gustan las llamas y tienen miedo de que nos quedemos indefinidamente comiéndonos su preciado pasto.
Una cuestion determinante en este plan, fue la obtención de la Ciudadanía Canadiense.
Todo lo que implica ser ciudadano a nivel legal, no cuadra necesariamente en la sensación que tuve el día de hoy al percatarme del proyecto de base. Aunque contextualmente, es posible que les interese. Ante esta posibilidad, les describo brevemente en que consiste;
Canada se hizo, a lo largo de su historia, fama de ser la cuna del mundo. Esto fue posible ya que, paralelo al mismo plan que tuvieron otras naciones de prosperar bajo el respeto a ciertos valores, los canadienses lograron un cumplimiento bastante digno a ese plan. Para los que les gusta ponerse técnicos, llamemos constitución.
La idea seria que me ahorre mis consideraciones históricas respecto de un mundo que conozco poco, y de un país al que pertenezco desde una perspectiva bien restringida. Pero como soy una llama de boca grande, puede que se me escape alguna que otra.
Cierto es que guerras las hubo, así como también intolerancia, pobreza, hipocresía, violencia y demás desperfectos. No atribuir a Canada al menos una rodaja de la torta de responsabilidad, seria como vivir en una nube de pedo.
Y del imperialismo británico del que surgió como colonia en primer lugar, ni hablemos. Me abstengo aqui de entrar en detalle respecto de seres deleznables como el general Wolf, el salame ingenuo de Dunham, o al inútil empedernido del general Montcalm.
Pero lo cierto es que pruebas las hay de que el titulo de pelotudo puede ejercerse mas allá de toda frontera.
Esto no quita que, sea por mérito, sea por mera circunstancia, Canada se destaco por su respeto a la democracia, a las normas de convivencia y a la no fluctuación de las reglas de juego que tanto caracteriza a mi país.
Nos sometieron a un examen con preguntas relativas a la estructuración del gobierno o a cuestiones jurídicas y culturales de Canada. Una vez que lo aprobamos, nos citaron para una ceremonia liderada por un juez agradable y algo rechoncho (que a veces es la misma cosa). Fue el quien se refirió a nosotros como una maza homogénea en virtud de nuestra común intención de ser canadienses, y como una maza heterogénea, por respeto a nuestra diversidad, de la que poco entendía pero respetaba, lo cual a mi criterio es suficiente.
Y sin mas, nos agradeció el esfuerzo de adaptación en este arduo, aunque gratificante proyecto que es la inmigración.
La palabra proyecto quedo dando vueltas en mi cabeza. Como una mosca molesta. Cantamos el himno nacional y demás formalidades para dar termino a la ceremonia.
Y aunque nos fuimos "chochos" de contentos con nuestros nuevos carnets a celebrar el fruto de cuatro años de adaptación, este murmullo siguió perturbando.
Tuve de repente una reminiscencia. Se remontaba a varios años previos a nuestra llegada, en que, al calor del hogar familiar, cenábamos juntos, con esa unidad que siempre nos caracterizo. Mis padres, que en ese entonces acarreaban la pampa casi tanto como ahora, consideraban la partida.
-"No es que aquí falte el pasto, lo que jode. Mas bien la afrenta; cuando lo hay, las llamas naturalizamos el robarlo como una costumbre de supervivencia. Se acapara todo con un egoísmo y un desinterés desesperantes. Pastar por estos pagos, es todo menos sano."
-"No queremos que ustedes crezcan aquí. Tenemos pensado irnos. Queremos que ganen perspectiva de lo que es vivir en un lugar en donde la gente se respeta y ayuda."
-"Lo quieran o no, algún día nos lo van a agradecer. Esto nos cuesta mas que a ustedes. Saber determinar las cosas a las cuales aferrarse y por cuanto tiempo. Saber reconocer el momento de dejar ir.
Ni siquiera una mejoría es estratégicamente posible, inmersos en este ambiente. Si algún día quieren hacer de Argentina un mejor lugar, no será desde Argentina. No será jugando el juego como llamas, sino como osos. Aquí el manual de juego, lo sentimos, pero se perdió hace tiempo."
-"Todo lo que queremos darles, es posibilidad y perspectiva. Si luego quieren volverse, no duden en hacerlo. Pero con una ciudadanía canadiense en el bolsillo. Este es nuestro proyecto de base."
Quedaron estas ultimas palabras reverberando un eco dulce desde el fondo mismo de mis tripas, mientras el carnet de ciudadanía giraba entre mis dedos. La foto de un muchacho con mirada severa, su nombre al costado seguido de...
"…is a canadian citizen under the provision of the Citizenship Act and, as such, is entitled to all the rights and privileges and is subject to all the duties and responsibilities of a Canadian citizen"
Gente de todas partes del mundo dejaba la sala conversando en todo tipo de idiomas.
Mi reminiscencia duro hasta el día de hoy, en que me dije que el proyecto de acostumbramiento habría obnubilado el proyecto de base al punto en que, sumido en la naturalización y la sorpresa, olvide que el proyecto de base ya estaba cumplido y el juego, si tal era lo que veníamos haciendo, llegaba a una conclusión; Volver o no Volver.
Y ante esta pregunta, otra reminiscencia…. Un anfiteatro repleto de gente. Rostros soñadores, carcajadas. Un programa de radio al que asistía siempre que podía, en la amena compania de un amigo muy querido, ahora lejos. El animador respondía a una pregunta, quizás banal, con esa máxima tan repetida…
"…lo que sucede, es que uno nunca vuelve a ninguna parte…"


