Este ultimo tiempo estuve reflexionando sobre algunas consideraciones cotidianas. Me refiero a estas pequeñas cosas que tiñen el día a día sin que nos las figuremos con palabras.
El otro día me encontré husmeando con nostalgia las fotos que mi hermana tiene expuestas en dos pancartas de corcho en su departamento.
Hace rato que me sorprende la manera en que la disposición de sus fotos saltan a los ojos. Fueron alineadas de una forma que parecería aleatoria si nos fiáramos en su asimétria, pero que resulta hermosa cuando nos detenemos ante la coherencia que se les dio a nivel colores y simbolismos.
Por ejemplo una foto mía mirando un libro cuyas tapas eran marrones; El final de la foto expone el encuadernado y se encadena con la foto siguiente que transforma el final del libro en el comienzo de la cola de un pescado victorioso de una salida en grupo. El pescado y el libro se ensamblan cual si fuera una linea temporal. Vaya uno a saber si cuando mi cuñado la ideo, habrá tenido la intención de dejarme esa sensación de diversidad de momentos de la vida que me dejo la idea de una tarde de lectura pegada a una salida mas extravagante.
En realidad este es un ejemplo de tantos otros que aparecían en la pancarta de corcho. También se pueden apreciar viajes a Europa de hace un par de años mezclados con fotos de la infancia. Las miras ambas y te quedas pensando
"Quien hubiera pensado que esos pibes de 5 años terminarían por todo el mundo?"
Me vino una idea a la cabeza en ese momento: Tantas fotos juntas me arrancaron de lo cotidiano y me sumergieron en una perspectiva inmensamente global de mi estadía en el mundo.
Me hicieron pensar en el tiempo compartido con los otros. En que mucha gente que estuvo en mi vida dejo de estarlo en varios niveles, al igual que muchas otras, para bien o para mal, fueron apareciendo y que en la sopa de la vida, algunas cosas no cambian, algunas cosas trascienden invariables.
No supe exactamente cual de esas cosas…si la gente y los lugares o el impacto que tuvieron en mi, o si habrá sido el impacto que deje en ellos. Esa es una pelota que me queda rebotando en el área.
Lo que si se es que la pancarta de corcho llena de fotos se incrusto. Me dejo la sensación de estar en un hogar. He nombrado mas arriba que algunas cosas son invariables, pero lo cierto es que la mayoría cambian.
Es por eso que en mis elucubraciones respecto de lo cotidiano me di cuenta de que el hogar es importantísimo. Ya se que acabo de sonar como una doña con ruleros mirando por la ventana lo que hacen los vecinos, restringida a su caja de zapatos.
O es esa al menos la visión que tuve siempre de la gente asentada y cómoda. Esta interpretación me puso la carne de gallina. Cai en la cuenta que, de pura inercia, estuve viviendo en el "total ya me voy". Esta es una actitud de lo mas intransigente, que nada tenia que ver con el sentido de la aventura que siempre me caracterizo.
Me di cuenta que, llevada al extremo, la aventura puede convertirse en una excusa que tapa un desarraigo.
Unos días atrás, mi novia volvió de la farmacia con una pila de fotos. Mirando de abajo con ternura me extendió unas cinco que imprimió en tono sepia…nuestras, de amigos, de familia. "J'en ai sorti quelques unes por toi"
Estuvieron de separador en mi libro hasta que, esta mañana, las puse arriba de la mesa, y contemplandolas con fuerza y esperanza me dije:
"Esta semana las pongo en un cuadro"
